Gestión conjunta del agua agrícola

 

Contexto

La agricultura es el primer usuario de agua dulce. Desde finales del siglo XX, su uso en el mundo ha aumentado considerablemente. Los avances agronómicos significativos, especialmente en lo que concierne al uso de insumos costosos (fertilizantes, pesticidas, combustibles, maquinaria, etc.), han hecho necesario asegurar los rendimientos para hacer rentables estas inversiones y reducir la variabilidad de los rendimientos. El uso del riego ha conducido a un aumento de las necesidades agrícolas, exacerbadas por las sequías recurrentes de finales del siglo XX.

En paralelo, la progresión del conocimiento demuestra que el buen funcionamiento de los ecosistemas acuáticos proporciona servicios que son útiles para la sociedad en su conjunto y que deben ser mantenidos o restaurados. Hablamos de flujo ecológico que debe ser mantenido en los ambientes. Por otra parte, otros usos: bebida e higiene, industrias y servicios están progresando en todas partes.

Por lo tanto, la agricultura está en competencia con otros usos, incluso en regiones que aún no han experimentado restricciones en las tomas de agua.

La agricultura de riego se acompaña de un aumento en el uso de insumos que pueden conducir a una contaminación significativa de las aguas superficiales y subterráneas debido al mal uso de fertilizantes y pesticidas. También puede ser la fuente de otras externalidades negativas, a veces irreversibles, como la salinización de los suelos, la intrusión de agua salada en acuíferos costeros, la desertificación, etc.

Sin embargo, las aguas pluviales representan más del 70% del agua utilizada en la producción agrícola. Esta agricultura de secano proporciona el 60% de los abastecimientos y utiliza el 80% de la superficie agrícola. Es particularmente vulnerable al cambio climático, pero los sistemas de riego no deben ser considerados como protegidos de toda restricción y que el progreso técnico y agronómico será suficiente para asegurar la producción mundial. Las prácticas deben seguir evolucionando para preservar aún más los ambientes acuáticos.

Por ello, en las cuencas fluviales, tanto en Francia como en el extranjero, se requiere cada vez más el establecimiento de mecanismos participativos de planificación a medio plazo y de procedimientos de asignación (o reasignación) de volúmenes de agua, que se pueden tomar, así como el fortalecimiento de las instituciones territorializadas para garantizar la continuidad de la decisión hasta su aplicación en el campo.

En las explotaciones agrícolas y en las parcelas se deben buscar variedades más resistentes a la sequía, una mejor eficacia del riego, la elección de equipos eficientes y adaptados a las limitaciones locales.

En Europa, el desarrollo de Medidas de Retención Natural de las Aguas, incluso para la agricultura urbana, contribuye a una verdadera gestión integrada de los recursos hídricos.

 

¿Quiénes son los actores involucrados?

El uso agrícola de los recursos hídricos y sus impactos en los ambientes acuáticos supera ampliamente la esfera agrícola. Por esta razón, es esencial involucrar a los representantes agrícolas y representantes de otros usuarios en los órganos de gestión local.

Así pues, los representantes de los regantes se encuentran con los otros tomadores y usuarios del recurso, pero también con las asociaciones de conservación de la naturaleza, las administraciones y, por supuesto, los representantes elegidos locales.

Desde hace algunos siglos, Francia ha adquirido experiencia en la gestión conjunta del agua en la agricultura, que está en gran demanda. Este sistema descentralizado y adaptado al contexto regional combina la gestión privada y la gobernanza pública. Facilita la apropiación, el mantenimiento y la gestión de las obras e instalaciones necesarias para aumentar la producción agrícola respetando al mismo tiempo los principios de una gestión sostenible e integrada de los recursos hídricos.

Finalmente, la investigación debe estar asociada con los diversos mecanismos de apoyo y asesoramiento para que los agricultores produzcan las referencias necesarias y definan las políticas adaptadas.

 

¿Qué hace la OIAgua?

Basándose en la experiencia francesa en el ámbito del agua agrícola, la Oficina Internacional del Agua ofrece su apoyo a las Autoridades Nacionales del Agua, pero también a los actores de campo, organizados para llevar a cabo las reformas institucionales y legislativas que dan un marco para una gestión eficaz del agua agrícola y para realizar las inversiones necesarias en el sector agrícola del agua.

La OIAgua puede intervenir sea a nivel de un país -reformas institucionales y legislativas, estrategia nacional- o al nivel local, a nivel de una cuenca, de una pequeña región o de una zona regada.

La OIAgua fomenta internacionalmente la gestión participativa del agua y apoya a las autoridades de los países que desean adaptar los procedimientos y las herramientas de gestión desarrollados en sistemas de restricción muy específicos.

Les ayuda a definir mecanismos participativos y procesos de planificación, monitoreo, arbitraje y toma de decisiones relativos a la gestión de los recursos hídricos y su asignación entre usos y en las grandes zonas regadas.

La experiencia y práctica de la OIAgua, así como su neutralidad frente a todos los actores involucrados, también le permiten evaluar las políticas nacionales de ahorro del agua de riego.

La OIAgua dedica una parte importante al uso de las herramientas de ayuda a la toma de decisiones en los procesos de planificación y a la participación de los usuarios en los diversos órganos de toma de decisiones o de consulta.

 

Agricultura regada en el norte de Túnez (Copyright OIAgua)